miércoles, 1 de diciembre de 2010

Propuesta educativa de Lavín

El pasado viernes 25  de noviembre se constituyó un Taller de Análisis de Políticas Educativas del Instituto Igualdad entre cuyos participantes se encuentran el diputado Carlos Montes, Loreto Egaña directora del PIIE,  el abogado y asesor del Consorcio de Universidades estatales Rodrigo González, Maria Isabel Diaz expecialista en nivel parvulario, el ex senador Ricardo Nuñez, el director ejecutivo del Instituto Igualdad Ernesto Águila, Ignacio Canales ex director de Chile Califica, Carlos Eugenios Beca ex director de CPEIP, y Miguel Crispi ex presidente de FEUC.
La instancia al constituirse analizó las recientes propuestas anunciadas por el Ministro de Educación, las que estimó “confusas”, con poco foco en la calidad educativa, y que no favorecen una recuperación de la educación pública ni revierten la segregación social del sistema.
En primer término, llamó la atención de los participantes que a una semana de anunciada la “revolución educativa” aun no existiera ningún proyecto de ley enviado (lo que refuerza la percepción que el día que se “firmó” la reforma se hizo sobre algún papel en blanco o en el mejor de los casos sobre una minuta, pero no sobre un proyecto de ley debidamente formulado y acabado). Lo anterior no hace sino reafirmar la percepción de que hay una tendencia a abordar temas complejos como la educación a través de anuncios con lógica mediática, más que con seriedad y profundidad.
Lo segundo, que fue criticado fue el intento de realizar una “revolución educativa” colocándole a los proyectos suma urgencia, pretendiendo que el país, los parlamentarios, los actores del sistema educativo, deban aprobar un proyecto que supuestamente implicaría cambios estructurales en el sistema en el curso de solo 30 días.
Luego, se constató que el proyecto del gobierno se inscribe dentro de una lógica que concibe la calidad educativa y su logro como una profundización en el sistema escolar chileno de un “cuasi mercado”,  en el cual la calidad sería la resultante de colegios que compiten entre sí, para lo cual se intensifican y multiplican las pruebas y mediciones, y producto de los resultados que éstas obtienen los padres y familias van “moviendo” a sus hijos hacia los mejores colegios, los malos van desapareciendo y la calidad va llegando a todos producto de una suerte de “chorreo” desde los mejores a los más retrasados. Una forma de organizar el sistema escolar y una lógica de alcanzar la calidad que no existe en ninguna parte del mundo, y ciertamente está lejos de los países que han mostrado avances educativos en los últimos años.

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